Cortarse en pedacitos para disminuir el dolor. Haciendo micropartículas de una misma y callarse. Sobre todo cerrar la boca y apretar los dientes fuerte esperando que se termine o al menos olvidar. Con la ansiedad en la punta de la lengua y que sople el viento purificador.
Y entonces hacerse más diminuta aun para facilitar la tarea y no decir nada.
Total nadie quiere escuchar.
Así, desasida me descubro deseando que el vino me diluya para convertirme solo en este punto final.
8 comentarios:
A veces hay muchos que quieren escuchar, y de hecho, escuchan, ingrata tarea... digo... no ser los oidos que desean tus gritos...
Upa! parece que grito fuerte si mi voz llega a Baires!
Yo ya no quiero oidos especiales...
Gracias O.
"Yo ya no quiero oidos especiales..." (que escuchen a todos excepto a mi...).
Perdon?
(que terrible soy una obviedad caminando, si alguien que no me conoce puede hacer una afirmacion tan cierta!)
Hace mil q no paso y agregaste cosas =)
Bien!
besos
Euge
Marce:
No te sientas así...Digo...no te sientas una obviedad caminando.
Sucede que no puedo decir que no me haya pasado... Todos alguna vez, creo, tuvimos y tendremos oidos que escuchen a todas las voces excepto a la nuestra. Ojos para los cuales somos invisibles, y no justamente por ser esenciales...
hola como te va, pasate que hay una nota linda imperdible sobre la mafia rosa y sus propositos, salu2
Debajo de la sal de los días
Gritan los vuelos
Caídos al pie de los espejos
Y las horas se han ido
A buscar las páginas blancas
De polvo y olvido
La primera letra que fue
Y no ha sido
Los huesos
En el último pan de los entierros
La mirada igual de los que quiero
Y no quiero.
Ha muerto el hijo
Y el padre también ha muerto
Queda el óxido de este instante
Que ya es memoria
De otros caminos y tierras y puertos
Que llevan la mirada
A la misma ventana
Donde alguna vez
Todo fue comienzo.
Allí estamos
escribiendo en sal
La última oscura línea
De este cuento.
PD: Nada.Apenas lo que me inspiraron tus palabras.
Lucien Kantor
Publicar un comentario