Prólogo
La Diosa África, bella e irónica,
arma su ser con los huesos
que no encuentran su lugar.
Tiñe su pelo con el rojo de los sobrevivientes,
cada gota sembrada que mis ojos reconocen.
Sagrando,
la herida
como lluvia
mancha
el rocío
de mi cuerpo.
En el ritual, el sacrifío,
es el lado oscuro en movimiento.
***
I
Bailarines se levantan desde un negro muro.
Georg Trakl
Las luces encandilaban a los conductores
Terribles imágenes del naufragio sobrevivieron a la memoria
Mis muertes una a una fueron reuniendose
***
En el silencio se desvanece la melodía desquiciada
Los acordes del piano devoraban las letras de una canción sombría
Desplegaste tus máscaras de a una, mientras el muro se hacia cada vez más espeso
Y el humo segándome de golpe
***
Como si hubiera una sola manera de perderme
Como sino me fugara del caos de la mañana
Como si me supiera de memoria cada una de las líneas de tu mano
***
Hay una luz que se extinguió en mi boca.
Georg Trakl
Hay una ventana y más allá el cielo.
Hay dos camas y más aca el infierno.
Hay quien no cuenta la historia adecuada.
Y quien olvida de a poco las luces que el amanecer le ha prestado.
***
II
El hombre de la cumbre
desciende a los campos infectados.
Camina entre los cadáveres
seleccionando su presa,
desgarrando viejos retazos que la atormentaban
Lo inefable del espíritu no se resiste.
***
Como contener el vómito improviso
mientras el cálido y húmedo viento sopla en Suiza.
Quien se atreva que interrumpa
la sucia inmundicia de mi boca.
***
En estado de duelo permanente
cruzando el umbral del dolor:
un espacio sin sentido
***
Las largas filas frente a la lobrega pudredumbre.
Lascivia de un Dios impotente.
Y yo aquí mirandote
***
III
Aquí frete al espejo, yo, la inevitable:
Una imagen en sombras y toda la soledad multiplicada.
Olga Orozco
En el azul y verde y naranja,
Serena,
la araña teje su trampa.
Y el verso sertero como lanza en el blanco.
***
Tuyas mis palabras.
Tuyo el papel que las contiene.
Tuyo mi deseo.
Y tuyo el poder sobre mis manos que no se resisten.
Epílogo
Despuntaron cohetes hacia mi.
Violentado furor en el brazo psicótico.
Vacio que enmudece.
Y todo el dolor desplegado.
La Diosa África, bella e irónica,
arma su ser con los huesos
que no encuentran su lugar.
Tiñe su pelo con el rojo de los sobrevivientes,
cada gota sembrada que mis ojos reconocen.
Sagrando,
la herida
como lluvia
mancha
el rocío
de mi cuerpo.
En el ritual, el sacrifío,
es el lado oscuro en movimiento.
***
I
Bailarines se levantan desde un negro muro.
Georg Trakl
Las luces encandilaban a los conductores
Terribles imágenes del naufragio sobrevivieron a la memoria
Mis muertes una a una fueron reuniendose
***
En el silencio se desvanece la melodía desquiciada
Los acordes del piano devoraban las letras de una canción sombría
Desplegaste tus máscaras de a una, mientras el muro se hacia cada vez más espeso
Y el humo segándome de golpe
***
Como si hubiera una sola manera de perderme
Como sino me fugara del caos de la mañana
Como si me supiera de memoria cada una de las líneas de tu mano
***
Hay una luz que se extinguió en mi boca.
Georg Trakl
Hay una ventana y más allá el cielo.
Hay dos camas y más aca el infierno.
Hay quien no cuenta la historia adecuada.
Y quien olvida de a poco las luces que el amanecer le ha prestado.
***
II
El hombre de la cumbre
desciende a los campos infectados.
Camina entre los cadáveres
seleccionando su presa,
desgarrando viejos retazos que la atormentaban
Lo inefable del espíritu no se resiste.
***
Como contener el vómito improviso
mientras el cálido y húmedo viento sopla en Suiza.
Quien se atreva que interrumpa
la sucia inmundicia de mi boca.
***
En estado de duelo permanente
cruzando el umbral del dolor:
un espacio sin sentido
***
Las largas filas frente a la lobrega pudredumbre.
Lascivia de un Dios impotente.
Y yo aquí mirandote
***
III
Aquí frete al espejo, yo, la inevitable:
Una imagen en sombras y toda la soledad multiplicada.
Olga Orozco
En el azul y verde y naranja,
Serena,
la araña teje su trampa.
Y el verso sertero como lanza en el blanco.
***
Tuyas mis palabras.
Tuyo el papel que las contiene.
Tuyo mi deseo.
Y tuyo el poder sobre mis manos que no se resisten.
Epílogo
Despuntaron cohetes hacia mi.
Violentado furor en el brazo psicótico.
Vacio que enmudece.
Y todo el dolor desplegado.
Marcela Vivar
*texto finalista en Concurso de Poesía Joven Alejandro Guillermo Roemmers 2003
*texto finalista en Concurso de Poesía Joven Alejandro Guillermo Roemmers 2003
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