jueves, abril 08, 2010

Cenizas parisinas

Cortarse en pedacitos para disminuir el dolor. Haciendo micropartículas de una misma y callarse. Sobre todo cerrar la boca y apretar los dientes fuerte esperando que se termine o al menos olvidar. Con la ansiedad en la punta de la lengua y que sople el viento purificador.
Y entonces hacerse más diminuta aun para facilitar la tarea y no decir nada.
Total nadie quiere escuchar.
Así, desasida me descubro deseando que el vino me diluya para convertirme solo en este punto final.

8 comentarios:

  1. Anónimo11:08 p.m.

    A veces hay muchos que quieren escuchar, y de hecho, escuchan, ingrata tarea... digo... no ser los oidos que desean tus gritos...

    ResponderBorrar
  2. Upa! parece que grito fuerte si mi voz llega a Baires!
    Yo ya no quiero oidos especiales...
    Gracias O.

    ResponderBorrar
  3. Anónimo12:22 p.m.

    "Yo ya no quiero oidos especiales..." (que escuchen a todos excepto a mi...).

    ResponderBorrar
  4. Perdon?
    (que terrible soy una obviedad caminando, si alguien que no me conoce puede hacer una afirmacion tan cierta!)

    ResponderBorrar
  5. Anónimo9:30 p.m.

    Hace mil q no paso y agregaste cosas =)
    Bien!
    besos
    Euge

    ResponderBorrar
  6. Anónimo1:33 a.m.

    Marce:

    No te sientas así...Digo...no te sientas una obviedad caminando.
    Sucede que no puedo decir que no me haya pasado... Todos alguna vez, creo, tuvimos y tendremos oidos que escuchen a todas las voces excepto a la nuestra. Ojos para los cuales somos invisibles, y no justamente por ser esenciales...

    ResponderBorrar
  7. hola como te va, pasate que hay una nota linda imperdible sobre la mafia rosa y sus propositos, salu2

    ResponderBorrar
  8. Anónimo8:39 a.m.

    Debajo de la sal de los días
    Gritan los vuelos
    Caídos al pie de los espejos
    Y las horas se han ido
    A buscar las páginas blancas
    De polvo y olvido
    La primera letra que fue
    Y no ha sido
    Los huesos
    En el último pan de los entierros
    La mirada igual de los que quiero
    Y no quiero.

    Ha muerto el hijo
    Y el padre también ha muerto
    Queda el óxido de este instante
    Que ya es memoria
    De otros caminos y tierras y puertos
    Que llevan la mirada
    A la misma ventana
    Donde alguna vez
    Todo fue comienzo.

    Allí estamos
    escribiendo en sal
    La última oscura línea
    De este cuento.


    PD: Nada.Apenas lo que me inspiraron tus palabras.

    Lucien Kantor

    ResponderBorrar