viernes, marzo 14, 2008

M. y M.

Ella me dijo me prometiste que ibas a escribir sobre mi. Y yo que soy obediente acá estoy escribiendo. Es difícil empezar esta historia, ponerle un principio me obligaría a ponerle un final y desaparecer toda la magia del relato. Así que empecemos a contar por los bordes, por los detalles como una buena historia se lo merece.
Lo evidente siempre deja espacio a lo oculto y si de develar se trata ella tiene 17 y yo 30. Yo trabajo donde ella estudia. Ella es de Colombia y yo de Argentina. Compartimos tres letras y género. Compartimos una estética.
El trasfondo, lo que está debajo del lugar común, es la mirada. Quien se puede resistir cuando te miran con ojos de amor. Y así ella tiene la sabiduría de 80 y yo la niñez de 5. Yo ya no trabajo ni ella estudia. Y compartimos más de tres letras. Compartimos caricias, compartimos un dolor, compartimos una charla y la confusión que nos ataca sin aviso.
Un día de marzo o abril cruzo la puerta de la escuela con su pelo de colores. Un día yo me quede pensado ella. Un día cenamos y desde un día, no se bien como ni porque como las cosas importantes, empecé a medir el tiempo en función de su presencia.
Y si me mira con sus ojos verdes el día esta calmo y todo se vuelve simple y sencillo. Y si no está, el temporal se desata y la tormenta se desencadena.
Una vez nos perdimos en un cine, mas de una vez caminamos por el centro como si, como un obra de arte que imita la realidad en un como si porque la supera por su sentido estético.
Una vez en una plaza nos dijeron, déjalas son dos chicas. Ella habla y habla y yo la escucho. Ella idea la comida y yo cocino.
Ella me ve por el lente de la cámara indiscreta, yo la miro con ojos encantados. Y entre clase y clase espero que me venga a saludar.
Yo le regale poemas de Girondo, ella me regalo una imagen de mi.
Yo le regale un dibujito y ella sus palabras.
Y una noche nos escapamos para volar por la ciudad.
Y en los bordes encontramos el deseo, y caminamos por la cornisa felices de querernos caer, saboreando el vértigo, dulce como su sexo.
Y en esas aristas filosas me corte con su conciencia indefinida de adolescente arrebatada.
Y en el vaivén del momento ella me lleva de la mano, me conduce.
Entre foto y foto bajo la oscuridad supo descarrilarme solo con una caricia. Y dijo tengo todo lo que quiero de vos pero no me preguntes que quiero.
Nos conocemos, me sabe de memoria y yo la recito como un poema de Pizarnik. “ Una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo, la rebelión consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos” Y yo la miro esperando que mis ojos se pulvericen.Y si algo no empieza tampoco termina. Suspendido, el péndulo se relaja y observa.

1 comentario:

Anónimo dijo...
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