Un cuerpo, solo un cuerpo.
La plenitud del mundo y sus formas
Dos manos con sus nervaduras, dedos que descansan recuerdos.
Dos brazos con su espesor detonante con su fuerza centrípeta y articulada.
Los hombros con sus formas redondeadas, cóncavas, cómplices.
Un torso que despunta pechos derramados.
Una espalda aguerrida sosteniendo el peso gravitacional del ser.
Y las caderas anticipándose a los muslos caprichosos.
Dos piernas que pelean libertad de pies viajeros, en busca de recorridos singulares.
La plenitud del mundo y sus formas
Dos manos con sus nervaduras, dedos que descansan recuerdos.
Dos brazos con su espesor detonante con su fuerza centrípeta y articulada.
Los hombros con sus formas redondeadas, cóncavas, cómplices.
Un torso que despunta pechos derramados.
Una espalda aguerrida sosteniendo el peso gravitacional del ser.
Y las caderas anticipándose a los muslos caprichosos.
Dos piernas que pelean libertad de pies viajeros, en busca de recorridos singulares.
Un cuerpo, un solo cuerpo dual, bifurcado en las líneas de poemas inconclusos.
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