El despertar
La luz de la tarde se apaga lentamente, suaves destellos iluminan los objetos que toman un aspecto irreal.
El día estuvo nublado un manto brumoso cubría el cielo. Lou Reed suena de fondo. Que mágico es ese momento en que el día deviene noche.
Entonces otra vez te escribo mi muerte para vos, para L. Creo que esta vez Lou Reed puede ser un buen tema para comenzar. Vos adorabas su música y yo no y a fuerza de hacérmela escuchar ahora me encanta. Creo que lo que mas me gusta de su música es que me hace acordar a vos. El primer día que la escuche fue en tu casa una tarde, cuando llegue vos estaba a pleno con New York y me pusiste The last great american whale y yo solo por pelear te dije que no me gustaba ni un poquito. De ahí en más todo el tiempo me hacías escucharlo. Así fue que de a poco fui comprendiendo la grandeza de su música y entendí porque te fascinaba tanto. Entendí porque esa época pop te había marcado tanto y como a partir de ahí te creaste esa personalidad entre dark y hippie. Supongo que por eso fuiste a New York y no a Paris como yo. Vos eras el prototipo de chica artista-depresiva de los setenta y yo la bolche de preguerra de la una Europa liberal. Y claro como no íbamos a explotar si era como juntar dinamita con fuego.
Lo mismo me paso con los gatos, vos adorabas a tus gatas y yo nunca había tenido contacto real con gatos, siempre tuve perros. Y a fuerza de ir a tu casa y enamorarme de Lenka me empezaron a gustar los gatitos. Fue por eso que le puse Lou a mi gato, porque al igual que Lou Reed los gatos no me gustaban pero cuando los empecé a conocer me di cuenta que los adoraba. Solo necesitaba entenderlos. Ahora no me imagino mi vida sin Lou, es mi compañero. Y aunque peleamos todo el día, invade con sus pelos mi casa y mi cama ya dejo de ser mía lo adoro, realmente, lo adoro.
Es un poco raro esta muerte de hoy ya que no esta cargada de reproches como las anteriores. Es, creo, como un puente para empezar a explicar nuestra historia o mas bien mi historia porque esta es mas mi historia que tuya. También sirve para entender porque pase tanto tiempo al lado tuyo, no siempre eran momentos malos. De hecho fueron mas los buenos aunque los malos me quedaron marcados con un tinte mas oscuro.
Hasta hace un rato estuve leyendo “Vigilar y Castigar”, tu “Vigilar y Castigar” y mientras leía no podio dejar de pensar que extraño mucho nuestras charlas. Extraño poder hablar con alguien en mi mismo idioma. Aunque es cierto que en el último tiempo casi no hablábamos y vos estabas a pura escuela y ya ni pensabas en Filo pero igual seguíamos teniendo ese entendimiento casi sobrenatural. Quizá esta nostalgia es más de una época que de vos, quizá extrañó tener veinte años y solo la preocupación de saber la etimología de las palabras. Hoy las cosas son mas concretas, pagar el alquiler decidir que servicio pasa al segundo vencimiento y como hacer para llegar a fin de mes con veinte pesos nada mas. Por eso fue que me puse a leer a Foucault, porque me resisto a perderme en esa cotidianeidad de TV. Quiero volver a mi Europa del ´20, no me gusta este 2000 de celular y mensajes de texto. Y si bien esta etapa es mucho mas tranquila emocionalmente esta dormida intelectualmente. Por eso esta muerte para vos, para renacer, para volver a pensar, para que lo importante vuelva a ser una hipótesis de lectura y no quien quedo nominado en Gran Hermano. Esta muerte es mi sacudon intelectual para despertarme igual como cuando te conocí y me sacaste de la somnolencia de una biblioteca flaca y hambrienta. Con la diferencia que hoy corro con la ventaja de diez años mas de vida. Así que acá va mi muerte como un puente, como una cantata, como una nueva partitura que da comienzo a una compleja sinfonía de palabras.